viernes, 3 de agosto de 2007

¿less is more? ............................................................................................

Actualmente nos encontramos frente a muchos sistemas públicos destinados al desarrollo y a la producción de proyectos artísticos. Gran parte de estas iniciativas hacen especial hincapié en la producción de nuevos trabajos y muchas veces, se hacen cargo de los gastos que se generan.

Habitualmente, los artistas proponen una nueva pieza, y la institución, con el dinero público que gestiona, paga los gastos de material, proceso industrial, equipo técnico, etc… Sin embargo, muchos de estas ayudas institucionales a pesar de sus buenas intenciones, e intentando hacer malabarismos con presupuestos bastante ajustados, intentan producir demasiados proyectos, sin reparar en los inconvenientes que esto puede conllevar. Sobretodo en los circuitos de "arte joven", que a la hora de ofrecer sus ayudas se olvidan de remunerar el trabajo de los creadores y solo prestan atención a la producción de sus proyectos. Muchos de ellos, para justificar esta actitud ofrecen a cambio campañas de publicidad en ámbitos a los que no se suele tener acceso y de esta forma ofrecerles una visibilidad en el circuito. Se trata pues de premios simbólicos que se dirigen generalmente a agentes culturales cuyas carreras están incipientes y que disponen de pocos fondos para hacerlas funcionar.

A pesar de que tenemos que defender la necesidad de un sistema público que de soporte a la creación hemos de ser conscientes que con las becas y ayudas existentes no se soluciona la problemática de los creadores, porque se trata de ayudas temporales que no profesionalizan el sector y al fin y al cabo, como recordaba Martí Manen en el artículo Trabajo artístico. Procesos, proyectos, becas y ayudas publicado en el boletín del CASM#25 de junio del 2006, solo se acaban convirtiendo en los elementos que definen los calendarios creativos.

En muchas charlas off the record se pone de manifiesto estas relaciones económicas presentes en la esfera laboral pero que en el circuito de "arte joven" todavía siguen siendo un tabú. No se pretende posicionarse en una lugar moralmente superior, sino crear nuevos peldaños hacia la normalización del trabajo cultural. La problemática se acentúa progresivamente en paralelo a la evolución de la desmaterialización de la obra de arte, una situación que se enfrenta con un sistema fundamentado en la obtención final de un producto rentable que ofrezca beneficios.

Sin embargo, en el ámbito artístico se deberían plantear otras dinámicas de actuación: parece posible porque las nuevas dinámicas de trabajo artístico muestran la importancia del proceso de producción frente a un resultado concreto y objetualizado (proyectos como ‘Processos Oberts’ o 'proxecto-edición' lo evidencian). De esta manera la producción artística deja de responder a las estrategias laborales del mercado, y es más cercano a una esfera científica de investigación. Y el producto concreto que se requiere para la justificación, ante la mirada pública, de los sueldos de aquellos que gestionan el dinero público desaparece.

En fin, que independientemente de la producción de objetos expositivos concretos, existen otro tipo de gastos a tener en cuenta, como nos indica el documento con las tarifas de la Asociación Catalana de Críticos de Arte, los profesionales para desarrollar su actividad profesional han de hacer frente a otros gastos, como los que generan el uso o amortización de su taller, equipo informático y de otro tipo (telecomunicaciones, pertenencia a asociaciones de carácter profesional, asesoría fiscal, material de oficina, bibliografía, etc…).

Es pues interesante reflexionar sobre como se reparten y gestionan los recursos y que parte de estos recursos responden directamente al trabajo de los creadores.

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*Imagen de la instalación Curtain {yellow} de Maria Eichhorn (1992 - 2002).

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