Ensayo sobre lo auto-referencial (aun a riesgo de fracasar) ........................
En 1953 Robert Rauschenberg borró un dibujo a tinta de Willem De Kooning. La historia cuenta que De Kooning aceptó la propuesta y lo invitó a su taller para mostrarle sus dibujos y escoger entre ambos, cual sería el más adecuado. Los tenía ordenados en tres grupos. Rauschenberg desestimó los dibujos del primer grupo, pues estaba fascinado por la obra de De Kooning y este grupo contenía aquellos dibujos con los que su autor no estaba muy satisfecho. De Kooning había aceptado participar, sin embargo, no se lo quería poner fácil, y desestimó el segundo grupo de dibujos hechos a lápiz para ofrecerle uno del tercer grupo, un dibujo hecho a tinta por lo que le sería más difícil de borrar.
Rauschenberg se tomo un mes para borrarlo cuidadosamente y fue Jasper Johns, dando fe, el que escribió en el margen inferior de la pieza "Erased de Kooning Drawing, Robert Rauschenberg, 1953".
Para satisfacer mis deseos –consecuencias de uno o más sentimientos no satisfechos, postergados de forma voluntaria o involuntaria–, he decidido seguir el modus operandi de Robert Raushenberg, borrando y recreando el texto de Beatriz Herráez publicado en el póster de presentación de 'Skills_competencias', proyecto llevado a cabo en la Galería Llucià Homs por Albert Folch, Beatriz Herráez, Joan Morey, Silvia Prada y Daniel Riera durante los meses Setiembre/Octubre de 2006.
]Skills_competencias[ es una propuesta que surge a partir de un debate sencillo, casi simple, pero encontrado y continuado en el tiempo entre los que tomamos parte en este proyecto. Una discusión eterna que parte de cuestiones planteadas “off the record” en torno a la voluntad de continuidad del artista –del crítico, el comisario o el galerista- en un marco incómodo de precariedad y queja permanente. Una discusión encendida que en su grado máximo de intensidad puede llegar al paroxismo y formularse en la frase extrema –y de bronca segura- del: ¿y entonces, por qué insistes?.
Pero insistimos.
En una de estas conversaciones –un día que nos encontrábamos “dialogantes y conciliadores” – comenzamos a hablar sobre un texto de Joe Scanlan; THE BEST: A Manifesto. Un escrito que se inicia con una situación absurda –y de consecuencias fatales– y que no es otra que la del artista al que se le pregunta casualmente; “¿y tú a qué te dedicas?”. Algo que comienza como una cuestión protocolaria para ser amable con un desconocido –y cuyo tema bién podría haber sido otro– se convierte de repente en algo de sumo interés para el entrevistador: distinguiéndose dos perfiles claros entre los que interrogan. El inocente, que puede percibir que ésta sea una actividad remunerada; y el que no lo es tanto, y piensa que está reñida, precisamente, con lo económico. Algo que también parece estar vigente entre algunos sectores de la propia actividad. Y esto ya es más preocupante. Porque si la cuestión “¿de qué vive un artista? se invierte, el resultado sería algo así como: “¿quien vive del artista?”. Aquí la lista sería interminable.
Llegados a este punto, aquella discusión cambió de rumbo –estabamos conciliadores, decía– y se convirtió en: ¿cuáles son las competencias de un artista? Aquello que sabe hacer , sus habilidades, y lo más importante, por lo que se le solicita.
Aguno ejemplos: Empujar un bloque de hielo por las calles de México D.F. hasta que se derrita mientras los transeúntes que se ofrecen a prestar ayuda escuchan estupefactos la negativa del artista ante su gentil ofrecimiento: “Se trata de que lo haga yo solo hasta que el hielo desaparezca…” –Paradox of Praxis (1997), Francis Alÿs–. Fotografiar a una niña de diez años que es invitada a posar con el rostro impasible mientras sus hermanos intentan hacerla reír –Variable Piece#28. Truro, Massachussets (Junio 1971), Douglas Huebler–. Insistir metódicamente para que un canto rodado produzca formas cuadradas en lugar de los clásicos círculos concéntricos cuando se arroja al agua de un lago –Attempt to make squares instead of circles form around a stone that falls in the water (1969), Gino de Dominicis–. Tan sólo una mínima parte de una colección extensa y preciosa de gestos –y de “actitud”–.
Porque en un tiempo donde la “fábula sustituye a la utopía”, el principal desafío que la mercancía ha lanzado a la obra de arte –especialmente desde su asimilación por un mercado específico que ha comprendido con exactitud el valor de cambio de lo exclusivo y lo inaccesible– o la más preocupante “neutralización” de cualquier activismo posible en la museización progresiva y frenética de los lenguajes más radicales, es precisamente la total desactivación de cualquier área de ilusión. Desde la defensa encarnizada de la “inutilidad” del objeto artístico –de su intangibilidad y subjetividad–, hasta sus opuestos –que resituaban la práctica artística en el contexto de lo social, e incluso de la propaganda–; han sido brutalmente ocupados y desposeídos de su sentido inicial. “Elevados al rango de cosas”, proveedores de discurso y contenidos diversos, de dinámicas de deseo cada vez más sofisticadas, productores de fetiches –de “artilugios hadados y encantados”–, el artista se diluye muchas veces en el victimismo o en su propia indefinición, desposeído de cualquier autoridad y capacidad de afirmación.
Este proyecto es un intento por recuperar parcelas de ese vacío expoliado.
No se trata de utilizar el espacio sagrado del arte para incrementar el valor de un producto que se exporta a otros campos –y que las más de las veces no cumple los mínimos requisitos de calidad exigidos en el mercado ajeno al estrictamente artístico–; ni de importar al territorio del arte un elemento ajeno al mismo; sino de invertir esfuerzos en la producción de un objeto –que posea ese carácter “auto-anonadante” – a partir del desarrollo de las capacidades y competencias de los implicados, y de su inserción|ensayo en lo real; aun a rieso de fracasar… En definitiva, de una restauración de autoridad basada en “reapropiación de irrealidad”, a través de la suma de distintos perfiles y “habilidades” de Albert Folch_Beatriz Herráez_Joan Morey_Silvia Prada_Daniel Riera.
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