miércoles, 10 de octubre de 2007

la mímesis como escritura de tiempo y espacio..........................................

La naturaleza muerta como género pictórico utiliza objetos inanimados, estos objetos en si mismos centran el tema de la representación. Objetos, que sin vida, ocupan un espacio indeterminado e intentan hablar, de esos instantes concretos de lo que denominamos “lo real”. Una realidad, que a pesar de su apariencia estanca, es constantemente cambiante. El autor ausente en estas representaciones, selecciona y ordena cuidadosamente los elementos que aparecen, y es desde fuera, donde experimenta su dolorosa supervivencia. Sin embargo, si decide aparecer en la escena, como un objeto más, es su cuerpo en quietud el que experimenta –en si mismo– esa dolorosa supervivencia y con el paso del tiempo, su muerte. O en el caso de Still Life, el pelo del sujeto es el objeto inmóvil o materia que muere mientras vive y se convierte en la evidencia de aquello vivido. El cuerpo deja de ser exclusivamente un territorio físico y se convierte en un espacio que puede ser modificado.

La artista es el detonante que selecciona a tres sujetos desconocidos (S, L y M) y les ofrece un guión de comportamiento para que puedan llevar a cabo la acción: aceptan, una vez igualados sus flequillos, no cortarse el pelo durante un año. Y es a partir de ese momento que se diluye la figura del sujeto productor.

La acción –o aparentemente inacción– es aquello en lo que se centra el proyecto, mostrando lo que en apariencia no puede ser visto. Una acción, que como experiencia, se desarrolla en un tiempo de espera, de renuncia y/o de repetición.

El tiempo como vivencia es intangible y la única manera de tener indicios de él es a partir de la sucesión de cambios que produce sobre la materia. En este proyecto han intervenido diferentes tiempos y ritmos, dejando todos ellos algún tipo huella. Los tiempos de cuatro sujetos, que en paralelo han creado un diario compartido (la página web www.naturamorta.net). El tiempo de realización del artista, que ha (re)construido todo el proceso a partir de la sucesión de los instantes registrados en cada una de las citas semanales (la video instalación Natura Morta IV). Pero también, del tiempo entre la obra y el presente del espectador: dos presentes relativos. Este proyecto supone pues pasado, presente y futuro, en un intento –casi obsesivo– por acotar la variable del tiempo.

Still Life, como proceso dinámico, se ha estructurado en tres espacios: uno real (el escenario o plató), uno virtual (la página web) y un elemento que unió los dos (el póster site- print). El usuario ha podido relacionarse con todos estos espacios, de forma simultánea. Y de esta forma ha tejido redes complejas y descubierto nuevas intervenciones. A medida que se desarrollaba el proyecto, se trazaban nuevas conexiones que desvelaban el escenario donde de manera rutinaria se desarrollaba periódicamente la acción. Y es en este punto donde, debemos preguntarnos sobre la existencia de “una” obra: aquí la obra no existe, es una obra cuya forma construye simultáneamente a partir de imágenes y textos.

Y es de nuevo el pelo, aquella materia muerta, el que acaba cubriendo el rostro, y como si se tratara de un telón, da por terminada aquella acción. Una acción que intentan borrar los límites entre la narración, el acontecimiento y lo verdadero, creando una leve sospecha sobre lo que concebimos como “real”.
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*Imagen del póster site-print de Luz Broto (2006), con el pretendía trazar un nexo entre el espacio físico donde se desarrollaba la acción y el espacio virtual donde se contaban las experiencias. Este póster incluía el guión de la acción y todos los elementos -a modo de inventario- que intervenían en ella.

*Texto sobre el proyecto Still Life de Luz Broto, originalmente publicado en el número 27 de d(x)i {Valencia, Septiembre_Diciembre de 2007}.
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