Desde que a finales del siglo XIX se estableciera en Gran Bretaña una división clara entre las Bellas Artes y las Artes Aplicadas, no se ha dejado de cuestionar y establecer escalas de valores entre ambas disciplinas.
La discusión sobre lo que es y lo que no es arte, no tiene sentido en la actualidad. Hace mucho tiempo que el arte ha dejado de pensar con actitudes fundamentadas en modelos románticos, y son los propios creadores los que desplazan constantemente los límites entre ambas disciplinas.
En un marco de arte contemporáneo actualizado, no tiene sentido seguir abordando este tema y resulta más enriquecedor centrar la atención en lo que se esta generado, porque como recordaba Arthur Danto con ‘Warhol quedó muy claro que una obra de arte no ha de ser de una manera en especial’.
Los artistas, como creadores, acuden frecuentemente a profesionales de otros ámbitos y admiten su colaboración, propiciando un papel activo en sus creaciones. De esta manera el objeto tradicionalmente entendido como arte se mezcla con otros subgéneros para enriquecerse de ellos, y nos da a entender que el conocimiento es pura información y puede llegar a tener infinitas formalizaciones. Es idóneo, que el artista desplace el trabajo artístico al ámbito que le parezca más propicio.
Este proceso, ha ido de la mano con el desarrollo de las tecnologías informáticas y el acceso a la mismas. Los sistemas analógicos de reprografía han sido sustituidos por los digitales y los sistemas informáticos de tratamiento gráfico basados en ordenadores personales, que originalmente se concebían como el equipo básico de trabajo para un diseñador, se han convertido en las herramientas básicas para la mayoría de creadores.
Este equipo básico o ‘desktop publishing’, conocido en castellano como ‘autoedición’, es una estación de trabajo que combina un ordenador personal, el software de diagramación de páginas, un escáner y una impresora. Su uso es muy simple y cualquier persona con acceso a los componentes del sistema puede usarlo con facilidad.
Es complejo establecer la fecha en la que supuestamente el arte se empieza a nutrir de los recursos propios del diseño, y es más sencillo hablar de una relación de necesidad. El arte tiende a fagocitar todo aquello que le resulta útil o atractivo (desde el estudio de la química para la fabricación de pigmentos en el Renacimiento a los últimos avances técnicos para la realización de instalaciones multimedia).
El artista necesita de las nociones del diseñador en el momento en el que concibe su trabajo como un producto y se dispone a venderlo al público. Se apropia de las estrategias de marketing de otras disciplinas, como la arquitectura, y se hace propio el portfolio, porque es el formato más eficaz de distribución de sus trabajos. Para llevar a cabo esta tarea, ha de realizar una buena selección de la información de que dispone y organizarla (diseñarla), con coherencia, para que se pueda comprender y valorar.
En ocasiones el artista, introduce los códigos propios del diseño directamente en su trabajo, ya sea con la finalidad de enriquecer la eficacia de la producción o con fines de simulacro.
Significativa, es la figura de Félix González-Torres, que a mediados de los ochenta empezó a utilizar de manera sistemática todos los recursos que le ofrecía la reproducción mecánica para la producción de sus piezas (una de las más significativas las pilas de papeles sin límite de copias).
O los ‘libros de artista’, objeto artístico que se materializa en un formato libro y que generalmente se trata de recopilatorios de imágenes y textos con la finalidad de ilustrar una idea concreta. A veces se trata de ejemplares únicos pero generalmente se producen en pequeñas ediciones. La técnicas de realización son muy variadas (grabado, medios digitales, fotocopia, intervenciones sobre libros ya editados, …).
En los últimos años Elena Foster, esposa del arquitecto Norman Foster, se dedica a editar libros de artistas de ediciones no superiores a 50 ejemplares de artistas como Richard Long, Chillida o Anish Kapoor.
Enparentados con estos últimos, encontramos los fanzines, publicaciones realizadas por aficionados. Generalmente, no suelen ir acompañados de intereses económicos, en consecuencia, su desarrollo está directamente ligado al de los medios de edición de bajo coste (generalmente la fotocopia).
A mediados de los noventa, y con la aparición de editores de HTML, internet deja de ser un espacio limitado a los técnicos informáticos (los únicos que hasta el momento sabían utilizar códigos de programación) y por las múltiples posibilidades que ofrece y su bajo coste, lo convierten en uno de los medios más utilizados en la actualidad.
Paralelamente a este aprovechamiento de los recursos técnicos, existe también, por parte de algunos artistas, la intención de pasar desapercibido en la esfera de lo cotidiano, y sus coqueteos con el diseño son en pro de una imitación fingida de unos modelos pre-existentes (pegatinas, camisetas, pósters, chapas, …) o la inclusión de su trabajo solapado en soportes de otros ámbitos (a finales de los noventa son habituales las colaboraciones de artista en revistas de tendencias).
En estos procesos, la obra como ejemplar único desaparece, y en consecuencia el artista ha de generar nuevos mecanismos para legitimar su producción y garantizarle un valor: numera las copias que realiza, emite certificados de autenticidad, etc…
En la historia del diseño gráfico no encontramos cambios significativos hasta llegar a los tipógrafos de la Bauhaus (Tschichold) de principios del siglo XX. Laszlo Moholy-Nagy o El Lisstzky, entre otros, son los padres del diseño gráfico como lo conocemos hoy día, que inspirados por las tipografías industriales de finales del siglo XIX crearon el símbolo de los tipos modernos (sin serifa o de palo seco).
Pero no es hasta mediados de los años 60 que encontramos cambios significativos. El 29 de noviembre de 1963 fue escrito el manifiesto ‘The first things first’ (lo primero es lo primero). Este documento era una reacción contra la neutralidad en la que se había estancado el diseño y buscaba radicalizarlo. Afirmaba que el diseño no es un proceso neutral y carente de valor. Y reivindicaba su dimensión humanista. Este documento causó un revuelo considerable en su época, en parte por que estuvo apoyado por más de cuatrocientos diseñadores gráficos y artistas.
En el ámbito español, la evolución fue más lenta. A finales de los 50, a pesar de que muchos de los diseñadores de la época provenían del campo artístico (Equipo Crónica), el diseño seguía unas pautas rigurosas basadas en el racionalismo. No es hasta finales de los 70 que encontramos los primeros coqueteos de los diseñadores con el ámbito artístico. Por esa época se convocan los ‘Disueño’, unos premios de diseño industrial, novedosos porque no era necesario, que la piezas a concurso, estuvieran producidas en serie, lo que permitió ver por primera vez objetos que dejaban de lado su funcionalidad y el coste de su producción.
Superada la posición de un encargo, una empresa, un autor y la consecuente: una solución válida. Es frecuente la presencia de diseñadores en proyectos artísticos cuyos nombres quedan camuflados entre los demás participantes de la muestra. Un ejemplo reciente es Alex Gifreu, Premio Laus de Plata 2006, con su intervención en el proyecto expositivo ‘Salir a la calle y disparar al azar’ con una pieza que funcionaba como cartel de la exposición, pero que a la vez, ofrecía las instrucciones para convertirlo en el catálogo.
El mundo del arte se ha trasladado a otras esferas y genera productos editables, a la par que el diseño, cuestiona su vínculo con la producción en serie y recupera la idea de pieza única.
Ambos se encuentran compartiendo competencias, puesto que se trata de individuos pertenecientes a campos diferentes pero que se mueven dentro de un mismo ámbito. Y lejos de considerarlas relaciones parasitarias, en la que uno de los organismos consigue la mayor parte del beneficio de una relación estrecha con otro, con estas hibridaciones se enriquece el panorama y proporciona al producto un valor añadido.
Y es en Gran Bretaña donde un siglo después de haber consolidado una división entre las Bellas Artes y las Artes Aplicadas utilizan el término “artwork”, para referirse a aquellos profesionales cuyo trabajo se enmarca dentro del diseño y/o de la producción artística.
_
*Imagen del póster|catálogo de Salir a la calle y disparar al azar de David G. Torres (2005) diseñado por Alex Guifreu, el póster de este evento artístico contenía en el reverso las instrucciones para que se pudiera convertir en el catálogo del mismo.
_